CONOCIMIENTO PARA LAS ARTES GRÁFICAS
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HISTORIA

El Manuscrito Voynich sigue sin una lectura generalmente aceptada, pero su pergamino, las tintas ferrogálicas y varios pigmentos han sido estudiados científicamente. El objeto aporta evidencias sobre técnicas de escritura, producción y conservación, sin necesidad de resolver su enigma.

Dos detalles de folios botánicos del Manuscrito Voynich, con escritura manuscrita y dibujos de plantas
Composición editorial de detalles de dos folios botánicos del Manuscrito Voynich (Yale, Beinecke MS 408), a partir de reproducciones de alta resolución. Las páginas son independientes y se muestran recortadas; no forman una doble página original.

Un manuscrito que sigue sin poder leerse

El Manuscrito Voynich, conservado por la Beinecke Rare Book & Manuscript Library de la Universidad de Yale con la signatura MS 408, es un códice de pergamino con escritura aún no interpretada de forma generalmente aceptada. Su nombre moderno procede del librero Wilfrid M. Voynich, que lo adquirió en 1912. No es un libro impreso: sus signos y dibujos fueron ejecutados manualmente.

La documentación de Yale distingue seis conjuntos iconográficos que los investigadores describen convencionalmente como botánico, astronómico-astrológico, balneológico, cosmológico, farmacéutico y textual. Son categorías basadas en lo que muestran las páginas, no una traducción demostrada de su contenido. Para la historia de las artes gráficas, su interés principal reside en el soporte, el diseño de página, los pigmentos, la escritura y la conservación.

Folio botánico del Manuscrito Voynich con una planta de flores azules y raíz rojiza
Folio botánico del Manuscrito Voynich. Estas imágenes sustentan la denominación convencional de “sección botánica”, aunque no constituyen una identificación demostrada de las especies representadas.

Cómo se fabricó el soporte: un códice de pergamino

El manuscrito mide aproximadamente 23,5 × 16,2 cm, según el informe de examen material elaborado por McCrone Associates para Yale en 2009. Sus hojas son de pergamino, un material obtenido a partir de piel animal preparada mediante operaciones de limpieza, tensado y secado. Esta descripción corresponde al proceso histórico general, no a una reconstrucción exacta de cada piel utilizada en el Voynich.

La organización en cuadernos, las hojas plegables y las pérdidas de folios convierten el objeto en un problema de codicología: para reconstruir su producción, no basta contar imágenes digitales ni asumir que el volumen actual conserva la secuencia inicial. Una hoja física puede aportar dos caras, y algunos pliegos desplegables contienen superficies más amplias. La encuadernación actual tampoco permite deducir sin más la configuración original.

Lámina desplegable del Manuscrito Voynich con diagramas circulares y anotaciones manuscritas
Lámina desplegable del Manuscrito Voynich con diagramas circulares. Los pliegos especiales forman parte de la complejidad codicológica del volumen y obligan a distinguir entre la secuencia física del códice y su representación digital.

En el artículo sobre el Libro de Kells se explica otro caso de escritura y pigmentación sobre vitela. La comparación permite distinguir propiedades comunes del soporte de las características propias de cada manuscrito.

La datación por carbono 14: qué demuestra y qué no

En 2009 se tomaron cuatro muestras de pergamino de los folios 8, 26, 47 y 68 para una datación radiocarbónica realizada por la Universidad de Arizona. La estimación conjunta difundida para el soporte se sitúa entre 1404 y 1438, con un intervalo de probabilidad indicado del 95 %. Las muestras se eligieron para representar partes y características diferentes del códice.

El resultado se refiere a la edad de la materia orgánica de las pieles. No determina por sí mismo el año en que se trazaron las letras, se aplicaron los colores o se encuadernó el libro. La coincidencia de las fechas estimadas para las cuatro muestras es coherente con un suministro relativamente próximo en el tiempo, pero no prueba una fecha única de escritura.

La datación material es una evidencia científica importante para rechazar ciertas atribuciones cronológicas extremas, pero no identifica al autor, el idioma ni el lugar exacto de producción. La propia presentación general de Yale mantiene prudencia sobre el origen histórico y sobre las interpretaciones del texto.

Qué identificó el análisis de las tintas

El informe Materials Analysis of the Voynich Manuscript, firmado por Joseph G. Barabe (McCrone Associates, 1 de abril de 2009), se basó en pequeñas muestras de tintas y colorantes recogidas de puntos concretos. Los analistas aplicaron microscopía de luz polarizada, espectroscopia infrarroja, espectrometría de dispersión de energía de rayos X en microscopio electrónico y difracción de rayos X.

Las tintas negras de texto y dibujo examinadas se identificaron como tintas ferrogálicas. El informe considera probable que las utilizadas para letras e ilustraciones fueran contemporáneas, pero evita convertir la semejanza compositiva en una prueba absoluta de simultaneidad. Algunas marcas, como números de página y signos adicionales, muestran diferencias de formulación y posiblemente de momento de incorporación.

La espectroscopia infrarroja indicó una goma como aglutinante para las muestras principales de tinta, con similitud respecto a la goma arábiga. Los analistas también observaron señales no explicadas por completo: identificar una familia de aglutinantes no equivale a disponer de una receta histórica exacta.

Las tintas ferrogálicas pueden causar alteraciones en soportes orgánicos bajo determinadas condiciones, pero el hallazgo químico en una muestra no permite afirmar que todas las páginas del Voynich estén corroídas. El diagnóstico de deterioro requiere evidencias materiales específicas.

Pigmentos azules, verdes y rojizos

En las muestras estudiadas, el azul se identificó con seguridad como azurita, un mineral de cobre, con pequeñas cantidades de cuprita. El rojo parduzco se identificó como un ocre rojo asociado a hematites; los análisis detectaron también otros compuestos minerales en puntos determinados. No debe extrapolarse esta caracterización a todos los tonos que aparecen en las reproducciones digitales.

El resultado para el verde exige más cautela. McCrone describió un material orgánico amorfo con cobre, compatible ópticamente con un compuesto de tipo resinato, y componentes de cobre y cloro compatibles con atacamita u otros minerales relacionados. Sin embargo, no identificó una resina clásica mediante infrarrojo. Por eso sería incorrecto afirmar sin matices que “el verde es resinato de cobre” o que “el verde es atacamita” en toda la obra.

También se analizó una capa blanquecina o transparente compatible con un material proteico y carbonato cálcico. Los autores consideraron probable una mezcla relacionada con clara de huevo y carbonato, pero mantuvieron la formulación como interpretación analítica, no como receta certificada.

Este caso conecta con el artículo de PortalGraf sobre historia de los pigmentos: un mismo aspecto cromático puede proceder de mezclas, capas o compuestos distintos; una fotografía no basta para identificarlo.

Escritura, dibujo y orden de aplicación

El documento presenta una escritura continua de signos muy regulares y dibujos de plantas, diagramas, recipientes y figuras humanas. La identificación de los trazos como escritura manual se apoya en su aspecto y en la inspección física; no existen matrices tipográficas ni indicios de reproducción mecánica en sus páginas.

El informe de 2009 detectó un caso en el que el color está aplicado por encima de la escritura. Ese hallazgo permite establecer el orden relativo de esas dos capas en ese punto, pero no demuestra una secuencia universal para todas las páginas. Del mismo modo, la semejanza de tintas entre dibujo y texto no permite atribuir todo el trabajo a una sola mano.

Para estudiar su producción conviene separar al menos tres preguntas: quién preparó el soporte, quién trazó signos y contornos y quién añadió los colores. Las respuestas podrían coincidir en unas tareas y diferir en otras; no tenemos una documentación de taller que permita reconstruirlas de manera concluyente.

Procedencia: entre archivos, atribuciones y leyendas

La historia moderna del volumen está bien documentada desde su adquisición por Voynich en 1912 y su llegada a la Beinecke en 1969 por donación del librero Hans P. Kraus. Para épocas anteriores, Yale recoge vinculaciones con Jacobus Horčický de Tepenec y Georgius Barschius, así como el envío a Athanasius Kircher de una carta fechada en 1666.

El emperador Rodolfo II aparece en la tradición de procedencia recogida por Yale, que advierte sobre las atribuciones antiguas. La identificación del supuesto autor con Roger Bacon es especulativa y no puede presentarse como autoría probada. Tampoco las propuestas recientes de descifrado deben tratarse como una traducción consolidada mientras no sean reproducibles y aceptadas tras escrutinio especializado.

Conservación y digitalización: estudiar sin forzar el original

Yale limita el acceso directo al códice por su fragilidad y ofrece imágenes digitales de alta resolución para investigación. La digitalización reduce la necesidad de manipular físicamente un objeto que combina pergamino, tinta ferrogálica, pigmentos y pliegos especiales, aunque no sustituye los análisis de relieve, estructura de cuadernos o composición química.

La conservación preventiva debe considerar tensiones del pergamino ante variaciones ambientales, riesgos asociados a medios de escritura y sensibilidad de los pigmentos a la luz. Son principios generales de conservación documental: no deben interpretarse como un protocolo específico prescrito para el Voynich ni como prueba de una restauración determinada.

Su valor para PortalGraf es metodológico: la ciencia puede identificar materiales y delimitar una cronología sin resolver el significado del texto. La ausencia de descifrado no invalida los conocimientos obtenidos mediante análisis físico y químico.

Conclusiones

El Manuscrito Voynich es un documento excepcional no por una supuesta respuesta oculta, sino por la posibilidad de estudiar directamente la fabricación de un códice cuyo texto aún no comprendemos. El carbono 14 fecha el pergamino; los análisis químicos caracterizan determinadas tintas y pigmentos; y la conservación y digitalización permiten consultar el objeto reduciendo la manipulación de sus hojas. Cada resultado tiene un ámbito definido: ninguna de esas técnicas identifica por sí sola al autor, el idioma o el significado.

Fuentes consultadas

  1. Beinecke Rare Book & Manuscript Library, Yale. The Beinecke Cipher (Voynich) Manuscript. Descripción institucional, secciones, procedencia y acceso.
  2. Barabe, Joseph G. (McCrone Associates). Materials Analysis of the Voynich Manuscript, 1 de abril de 2009. Examen y resultados de muestras de tinta y pigmentos.
  3. Biblioteca Beinecke, Yale. Beinecke MS 408: ficha catalográfica. Descripción física y codicológica.
  4. René Zandbergen. The Radio-Carbon Dating of the Voynich MS. Síntesis técnica de las mediciones de la Universidad de Arizona; fuente explicativa secundaria, no sustitutiva del informe de laboratorio.