Durante siglos, difundir conocimiento significó mover un objeto: una tablilla, un rollo, un códice, una hoja o un libro. La imprenta multiplicó ese objeto y convirtió el papel en una infraestructura cultural de enorme alcance. Mucho después, la pantalla y la red introdujeron otra lógica: el mensaje podía presentarse, buscarse, enlazarse y actualizarse sin que cada lectura necesitara un nuevo ejemplar físico impreso.
Este capítulo no repite la evolución técnica de las artes gráficas ya tratada en la serie. Su pregunta es otra: qué ocurrió con el conocimiento cuando pasó de conservarse en hojas impresas a aparecer en pantallas conectadas. Entre ambos extremos no hubo una sustitución repentina, sino una cadena de cambios: publicación periódica, comunicación a distancia, imagen reproducida, composición digital, hipertexto y acceso en red.
La imprenta no solo multiplicó libros: creó lectores ausentes
Con la tipografía europea del siglo XV, un texto podía reproducirse en numerosos ejemplares relativamente estables. El cambio no consistió solo en fabricar libros más deprisa. Un autor, editor o institución podía dirigirse a personas que no conocía, en lugares distintos y en momentos futuros, mediante copias de un mismo contenido.
El papel impreso tenía dos cualidades que seguirán siendo decisivas incluso cuando aparezca la pantalla: separaba el mensaje de la presencia de su emisor y permitía que muchos lectores accedieran a una misma formulación. Una página podía circular, guardarse, comentarse, compararse y volver a consultarse sin depender de que alguien la recitara o copiara de nuevo a mano.
El libro impreso convirtió la conservación del pensamiento en una actividad reproducible. Pero seguía respondiendo principalmente a una lógica de permanencia: una obra se preparaba, se imprimía y circulaba durante un tiempo más o menos prolongado. La siguiente transformación sería temporal. La información ya no tendría que ser solo durable; también tendría que ser reciente.
La publicación periódica: cuando la información empezó a tener fecha
Los talleres tipográficos hicieron posible que noticias, avisos comerciales, decisiones políticas y acontecimientos circulasen mediante impresos periódicos. La colección de historia de la prensa del Gutenberg-Museum sitúa en 1605 la producción del primer periódico impreso reconocido, elaborado por Johann Carolus, y en 1650 la aparición del primer diario. Más allá de la prioridad exacta de cada hito, el cambio de fondo es claro: la imprenta comenzaba a organizar el tiempo social mediante ediciones sucesivas.
Un libro ofrece una obra; un periódico ofrece una secuencia. La cabecera, la fecha, la numeración y la periodicidad permiten que cada ejemplar sea independiente y, al mismo tiempo, forme parte de una continuidad. El lector no adquiere solamente texto: adquiere acceso regular a un mundo que se mueve.
Este modelo transformó la relación entre conocimiento y soporte. La hoja impresa podía informar de mercados, conflictos, descubrimientos, anuncios, espectáculos o cambios administrativos. También podía influir, censurar, persuadir o seleccionar qué era visible. La comunicación impresa se convirtió en una actividad social recurrente, y la página comenzó a competir por atención además de por conservación.
La industrialización del impreso: el ejemplar debía llegar a tiempo
La prensa periódica impuso una exigencia distinta al taller: una edición que llega tarde pierde parte de su valor. El crecimiento de lectores, publicidad y distribución impulsó prensas más rápidas, suministro de papel en bobina, composición acelerada y sistemas capaces de imprimir tirajes elevados con regularidad.
El Deutsches Technikmuseum resume esta evolución como el tránsito de la prensa manual a las máquinas rápidas, el offset y las rotativas. La industria gráfica dejó de organizarse únicamente alrededor de la destreza artesanal; necesitaba sincronizar composición, forma impresora, papel, tinta, máquina, plegado y distribución.
El resultado fue una nueva escala de lectura. El conocimiento impreso ya no se encontraba únicamente en bibliotecas, instituciones o libros duraderos: podía alcanzar diariamente comercios, estaciones, hogares, oficinas y espacios de encuentro. La imprenta se había convertido en medio de comunicación de masas sin dejar de ser una tecnología gráfica.
Pero todavía existía una limitación fundamental: aunque la prensa imprimiera con rapidez, una noticia seguía tardando en llegar al taller si debía viajar físicamente hasta él. Para que el periódico pudiera informar con mayor inmediatez, era necesario separar el desplazamiento del mensaje del desplazamiento del objeto.
El telégrafo: el mensaje llega antes que el papel
El telégrafo eléctrico cambió esa relación durante el siglo XIX. En lugar de transportar primero una carta o un documento hasta la imprenta, podía transmitirse información codificada a distancia y convertirla de nuevo en texto legible en el lugar de recepción. La comunicación dejaba de depender exclusivamente de la velocidad de una persona, un vehículo o un envío físico.
El National Museum of Science and Technology Leonardo da Vinci describe el telégrafo como una de las primeras aplicaciones prácticas de la investigación electromagnética y como el inicio de una nueva etapa en la transmisión de información. Para la prensa, la consecuencia fue enorme: una redacción podía recibir noticias lejanas con mayor rapidez y preparar ediciones que incorporaran acontecimientos recientes.
Este fue un giro conceptual decisivo: el papel dejó de ser necesariamente el vehículo que transportaba la noticia desde su origen. Seguía siendo el soporte final que la presentaba al lector, pero la información podía haber recorrido antes una red de señales. En ese punto comienza a dibujarse el mundo contemporáneo: contenido transmitido electrónicamente y convertido después en página, voz, imagen o pantalla.
La relación entre telégrafo y periódico muestra además que los nuevos medios no eliminan inmediatamente a los anteriores. La transmisión eléctrica no hizo desaparecer la impresión; la hizo más rápida y más dependiente de redes externas. Del mismo modo, la Web no hará desaparecer automáticamente al papel: transformará qué contenidos se imprimen, cuándo se actualizan y por qué se elige un soporte u otro.
La imagen reproducida: ver también se convirtió en información
Mientras la transmisión aceleraba la noticia, otra dificultad seguía abierta: cómo integrar imágenes con rapidez y calidad en publicaciones impresas. Un texto se componía con tipos; una imagen exigía procedimientos de reproducción capaces de convertir tonos y detalles en una forma imprimible junto al resto de la página.
El tramado o medio tono resolvió uno de los problemas fundamentales de la reproducción fotográfica: transformar los tonos continuos de una fotografía en puntos de diferente tamaño o densidad que, vistos a distancia normal, producen la apariencia de claros, sombras y transiciones. El Getty Conservation Institute documenta el uso del medio tono en libros, periódicos, revistas, publicidad y decoración de productos.
Ingenium, museo de ciencia e innovación, atribuye a William Leggo y George Desbarats un procedimiento temprano de reproducción fotográfica por medio tono y fotograbado que hizo posible imprimir imágenes con la rapidez requerida por la información periódica. Una portada publicada en 1869 se conserva como una de las primeras reproducciones fotográficas comerciales obtenidas mediante este principio.
Con la fotografía reproducible, el lector ya no recibía únicamente descripciones redactadas o dibujos interpretativos: podía encontrarse ante imágenes obtenidas a partir de una captura óptica y transformadas para impresión. Esta innovación alteró la prensa, los catálogos, la documentación científica y la publicidad. La página se convirtió en un espacio donde texto e imagen competían, colaboraban y construían credibilidad.
También aquí aparece un principio que llegará a la pantalla: la imagen visible no tiene que reproducir físicamente todos los tonos de la realidad; puede reconstruirlos mediante una trama organizada. En la impresión son puntos de tinta. En una pantalla serán píxeles luminosos. Cambia la tecnología, pero permanece el problema gráfico: cómo hacer perceptible una imagen a partir de unidades discretas.
La pantalla: información que ya no necesita secarse
Una página impresa fija su contenido al recibir tinta. Puede conservarse, distribuirse y consultarse sin energía adicional, pero no cambia sin volver a producirse. La pantalla introduce otra clase de soporte: una superficie capaz de mostrar información temporal, sustituible y controlada mediante señales.
Los tubos de rayos catódicos, desarrollados desde finales del siglo XIX y ampliamente utilizados en dispositivos del siglo XX, convirtieron la superficie luminosa en un lugar donde aparecían imágenes dinámicas. La colección del Science Museum Group explica que los CRT fueron empleados como pantallas en televisores y otros dispositivos electrónicos y, en los primeros ordenadores, incluso como memoria electrónica capaz de representar bits mediante puntos cargados.
La pantalla no comenzó siendo una página digital de lectura. Fue instrumento, visualización, entretenimiento, interfaz y memoria de máquina. Sin embargo, preparó una transformación decisiva: la información podía mostrarse sin quedar fijada físicamente en la superficie que el lector contemplaba. Una misma pantalla podía enseñar muchas páginas sucesivas.
Esta flexibilidad tiene ventajas evidentes: actualizar, buscar, recorrer, ampliar o alternar contenidos. Pero también introduce dependencias nuevas. Un papel impreso conserva su información mientras el soporte sobreviva y pueda leerse; una pantalla necesita energía, dispositivo, codificación y acceso al archivo o flujo que debe representar. La transición a la pantalla no desmaterializa el conocimiento: cambia dónde reside su materialidad.
La página entra en el ordenador: autoedición y preimpresión digital
Antes de que la lectura digital se convirtiera en costumbre cotidiana, el ordenador transformó la forma de preparar los productos impresos. La página entró primero en la pantalla del diseñador, del maquetador y del técnico de preimpresión.
El Computer History Museum identifica 1985 como un año decisivo para la autoedición de escritorio: PageMaker, la impresora LaserWriter y el lenguaje PostScript hicieron posible diseñar y componer páginas desde un ordenador personal y obtener una salida impresa con una correspondencia visual mucho mayor entre pantalla y resultado. La pantalla ya no era solo un terminal: se convertía en mesa de montaje virtual.
Este cambio no eliminó la impresión. Al contrario, durante sus primeros años la pantalla fue una herramienta destinada a producir papel con más flexibilidad. Textos, tipografías, fotografías, gráficos y composición podían organizarse en un documento digital antes de convertirse en película, plancha o impresión final.
La transformación fue profunda para las artes gráficas. Operaciones que antes exigían material físico, galeradas, montajes manuales y procesos fotográficos comenzaron a integrarse en flujos digitales. Más adelante, los archivos PDF, la gestión de color, la imposición electrónica y el computer to plate consolidaron la idea de que una publicación podía existir primero como información estructurada y solo después decidir si se imprimía, se distribuía digitalmente o ambas cosas.
Del documento digital al hipertexto
Un documento digital puede reproducir la lógica de la página impresa: portada, columnas, imágenes, tipografía y orden de lectura. Pero también puede hacer algo que el papel solo sugiere mediante índices y referencias: enlazar directamente un contenido con otro y recorrer esa relación de forma inmediata.
El hipertexto introduce una lectura no obligatoriamente lineal. Una palabra, una imagen o una referencia pueden abrir otro documento, otra fuente o una ampliación. La idea no destruye la lectura secuencial; añade caminos. Para la comunicación del conocimiento, el cambio es equivalente a pasar de una biblioteca consultada manualmente a una red de documentos interconectados desde el propio texto.
La imprenta había multiplicado copias. La transmisión eléctrica había acelerado el movimiento del mensaje. La pantalla había permitido representar contenidos sustituibles. El hipertexto reuniría esas transformaciones en una arquitectura nueva: documentos digitales conectados entre sí.
La World Wide Web: publicar para una red de pantallas
En 1989, Tim Berners-Lee propuso en CERN un sistema destinado a facilitar el intercambio de información entre comunidades científicas que trabajaban con equipos y documentos diversos. CERN documenta que de ese proyecto nacieron la World Wide Web y, en 1990, el primer servidor y el primer navegador-editor Web.
La Web no debe confundirse con Internet. Internet es la infraestructura de redes que permite conectar sistemas; la Web es un servicio basado en documentos enlazados, identificadores y protocolos que utiliza esa conectividad para publicar y consultar información. Su importancia para la historia de la comunicación gráfica radica en que convirtió la pantalla conectada en superficie de lectura universalmente escalable.
En 1993, CERN liberó el software de la Web para su utilización, modificación y redistribución sin derechos de explotación, una decisión decisiva para su difusión. El documento digital pasó a poder publicarse en una red abierta, enlazarse con otros documentos y consultarse desde máquinas alejadas del lugar donde se almacenaba.
Desde el punto de vista editorial, la Web cambió al menos cuatro reglas. Un contenido puede actualizarse sin producir una nueva tirada física; puede incorporar enlaces y búsquedas; puede distribuirse de inmediato a múltiples lectores; y puede combinar texto, imagen, sonido, vídeo, interacción y datos. La lectura ya no depende exclusivamente de una secuencia de páginas ni de un objeto cerrado.
La pantalla no sustituyó al papel: repartió sus funciones
La llegada de la Web no convirtió automáticamente la impresión en una tecnología obsoleta. La pantalla ofrece rapidez, actualización, búsqueda y conexión; el papel ofrece estabilidad física, autonomía energética durante la lectura, tacto, control de presentación y presencia material. Muchos usos han migrado a soportes digitales; otros continúan encontrando en el papel o el cartón una solución funcional, cultural o comercial difícil de reemplazar.
| Necesidad de comunicación | Fortaleza del impreso | Fortaleza de la pantalla conectada |
|---|---|---|
| Conservar una edición cerrada | Objeto estable, legible sin dispositivo ni energía posterior. | Archivo replicable, pero dependiente de formatos, sistemas y conservación digital. |
| Actualizar información | Requiere nueva edición o añadido físico. | Puede modificarse y publicarse con rapidez. |
| Buscar y relacionar contenidos | Índices, notas y referencias impresas. | Búsqueda, enlaces, filtros y navegación inmediata. |
| Presentar identidad gráfica | Material, tinta, acabado, formato y experiencia táctil. | Diseño adaptable, interacción, animación y multimedia. |
| Distribuir a gran escala | Producción, logística y ejemplares físicos. | Red, servidores, dispositivos y energía. |
| Informar en envases o productos | La información viaja unida físicamente al objeto. | Amplía datos mediante códigos, enlaces o consulta complementaria. |
La comparación permite evitar dos errores frecuentes. El papel no es simplemente un medio antiguo superado por una pantalla más moderna. Y la pantalla no es un soporte inmaterial sin coste físico. Ambos resuelven necesidades diferentes y, en muchos productos gráficos actuales, funcionan juntos: una etiqueta impresa conduce a información digital; un libro se promociona en la Web; un documento se diseña digitalmente y se imprime; un artículo en línea genera una edición descargable.
El conocimiento digital también tiene soporte
El primer servidor Web conservado en CERN ofrece una imagen reveladora. Frente a la pantalla, el documento parece ligero e instantáneo; junto a ella aparece una máquina concreta, con cables, almacenamiento y una advertencia manuscrita para que nadie la apague. Una página digital no flota en el vacío: necesita equipos que la almacenen, redes que la transmitan, energía que mantenga el sistema y formatos que permitan interpretarla.
Este punto prepara el siguiente capítulo de la serie. La imprenta hizo visible la infraestructura física del conocimiento: papel, tinta, tipos, prensas, talleres y distribución. La pantalla tiende a ocultarla tras una interfaz limpia. Sin embargo, detrás de cada búsqueda, archivo, imagen o artículo existen servidores, centros de datos, sistemas de copia, refrigeración y consumo de recursos.
La historia no termina, por tanto, cuando el texto abandona el papel y aparece en la pantalla. Simplemente cambia la pregunta: de qué está hecha ahora la memoria, quién la conserva y qué necesita para permanecer accesible.
Cronología: del ejemplar impreso al documento enlazado
| Fecha o periodo | Transformación | Cambio en la circulación del conocimiento |
|---|---|---|
| Siglo XV | Tipografía mecanizada europea y libro impreso. | Un mismo texto puede multiplicarse en numerosos ejemplares coherentes. |
| Comienzos del siglo XVII | Publicaciones periódicas impresas. | La información impresa adquiere fecha, continuidad y expectativa de actualización. |
| Siglo XIX | Prensas mecanizadas y rotativas. | La página periódica alcanza grandes tirajes y distribución acelerada. |
| Siglo XIX | Telégrafo eléctrico. | El mensaje puede llegar al taller antes que cualquier documento transportado físicamente. |
| Desde la segunda mitad del siglo XIX | Reproducción fotográfica mediante medio tono. | La imagen capturada se integra con creciente rapidez en publicaciones impresas. |
| Siglo XX | Pantallas electrónicas y procesamiento informático. | La información puede mostrarse y sustituirse sin quedar fijada sobre la superficie visible. |
| 1985 | Autoedición de escritorio: PageMaker, LaserWriter y PostScript. | La página impresa empieza a componerse integralmente en pantalla. |
| 1989–1990 | Nacimiento de la World Wide Web y primer servidor Web. | El documento digital se convierte en contenido enlazado y consultable en red. |
| 1993 | Liberación abierta del software Web por CERN. | La publicación enlazada puede expandirse sin depender de una licencia propietaria del sistema. |
Precisiones necesarias
| Idea simplificada | Formulación rigurosa |
|---|---|
| La pantalla sustituyó al papel. | La pantalla absorbió y amplió determinados usos, mientras el papel mantiene funciones materiales, editoriales, documentales y de envase. |
| La prensa periódica solo imprimía más rápido. | También organizó la actualidad mediante ediciones sucesivas, fecha, cabecera y distribución recurrente. |
| El telégrafo fue un medio ajeno a la impresión. | Separó la transmisión de la noticia de su soporte final e hizo posible que la prensa incorporara información recibida por señal. |
| La fotografía entró de forma directa en los periódicos. | Necesitó procedimientos de conversión gráfica, como el medio tono, para reproducirse con tinta en una página. |
| La edición digital nació para leer en Internet. | La autoedición transformó inicialmente la preparación de páginas destinadas a impresión. |
| Internet y la Web son lo mismo. | Internet es la infraestructura de conexión; la Web es un sistema de documentos enlazados y servicios que se apoyan en ella. |
| Lo digital no tiene soporte material. | Necesita dispositivos, servidores, redes, energía, almacenamiento y preservación de formatos. |
Glosario esencial
- Publicación periódica
- Impreso editado con una frecuencia determinada y concebido como parte de una serie continua de números o entregas.
- Rotativa
- Prensa en la que la impresión se realiza mediante cilindros y, habitualmente, papel alimentado de forma continua desde bobina.
- Telégrafo
- Sistema destinado a transmitir información mediante señales codificadas a distancia, especialmente por medios eléctricos en la era industrial.
- Medio tono
- Técnica que representa tonos continuos mediante puntos de diferente tamaño o distribución para hacer imprimible una fotografía.
- Píxel
- Unidad elemental de una imagen digital mostrada o procesada en una matriz de pantalla o archivo rasterizado.
- Autoedición
- Preparación de publicaciones mediante ordenador personal, software de maquetación y salida digital o impresa.
- Hipertexto
- Estructura documental que permite navegar entre contenidos relacionados mediante enlaces.
- World Wide Web
- Sistema de publicación y consulta de recursos enlazados a través de Internet mediante identificadores y protocolos comunes.
Fuentes documentales consultadas
- Gutenberg-Museum Mainz: colección de historia de la prensa y primeros periódicos impresos.
- Stiftung Deutsches Technikmuseum Berlin: impresión, mecanización, rotativas y offset.
- National Museum of Science and Technology Leonardo da Vinci: historia del telégrafo eléctrico.
- Getty Conservation Institute: identificación y uso histórico de los procedimientos de medio tono.
- Ingenium: Leggo, Desbarats y la reproducción fotográfica en publicaciones.
- Science Museum Group: tubos de rayos catódicos, pantallas y memoria electrónica.
- Computer History Museum: autoedición de escritorio, PageMaker, LaserWriter y PostScript.
- CERN: nacimiento de la World Wide Web y liberación abierta de la Web en 1993.
Créditos y reutilización de imágenes
- Cabecera, taller de impresión periódica: fotografía de Byron Co., 1898, vía Wikimedia Commons, dominio público. Recortada y convertida a WebP para PortalGraf.
- Prensa cilíndrica de periódico: ilustración de Samuel Loxton, vía Wikimedia Commons, Public Domain Mark. Convertida a WebP.
- Circuito de telégrafo impresor: lámina de William Noble publicada en Encyclopædia Britannica, vía Wikimedia Commons, dominio público. Convertida a WebP.
- Fotografía impresa por medio tono, 1869: página de Canadian Illustrated News, obra de William Leggo y George Desbarats, vía Wikimedia Commons, dominio público. Convertida a WebP.
- Primer servidor Web: fotografía de Coolcaesar, vía Wikimedia Commons, CC BY-SA 3.0. Adaptada a WebP y distribuida bajo la misma licencia.
